¿Cómo se puede expresar con palabras ese sentimiento del que espera a alguien que nunca aparece? Es una tarea difícil, ciertamente, pero voy a tratar de irlo sacando de aquí dentro de la mejor forma que sepa hacerlo.
Un día cualquiera, en un lugar indefinido (más por ser todos los lugares y no uno en concreto), estás inmerso en tus pensamientos, caminando sin saber dónde ir. Lo tienes todo controlado, cada parte de tu vida está en el sitio que le corresponde y tus circunstancias son las adecuadas. Piensas que nada se va a interponer entre tú y el futuro que has establecido como cierto para ti.
Pero obviamente te equivocabas al pensarlo. Y te das cuenta cuando levantas la mirada y las ves a ella. Estaba ahí, no te habías dado cuenta pero se encontraba justo delante de ti. Y ahora ya lo habías hecho, habías cruzado tu mirada con la suya. Tu mundo acababa de cambiar, y en una pequeña fracción de segundo, tu castillo de naipes cuidadosamente colocadas se había desmoronado por completo.
A partir de ese momento, era en ella en la que pensabas cada noche al acostarte, a la que veías en la cara de todas las demás mujeres. Intentabas saber más de ella, acercarte, oír su voz, sus palabras... Pero a la vez que lo hacías, te retorcías en tu empeño vacío, porque ella se alejaba más y más a cada paso que tú dabas. La espera llegaba a ser insoportable, te encontrabas sólo en tu habitación llorando y preguntándote por qué no podías acercarte y tenerla, sentirla tuya y no soltarla jamás. ¿Por qué sufrías tanto?, ¿acaso era necesario? No, no lo era, pero a eso tú no podías ponerle remedio. Ahí adentro no sirven las razones ni la lógica, sólo están los latidos, nada más.
Uno tras otro, sin descanso, siguen y seguirán latiendo por ella. Y tengo claro que esta pequeña historia tiene un principio, pero no tendrá nunca un final.
Fulus Novak
martes, 7 de abril de 2009
Esperarte a ti
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario