lunes, 30 de marzo de 2009

When you were wonderwall

Me gustaría hablaros un poco de mis gustos musicales, para que aquellos que no me conozcan lo hagan un poco más a través de algunas canciones. También me gustaría que me comentaseis lo que os parezca acerca de las canciones y los grupos de los que os escriba, o sobre vuestros propios gustos musicales que queráis compartir conmigo.

Voy a empezar por un clásico, una canción que desde que salió a la luz en 1995 ha llegado a convertirse en una de las indiscutibles en mi mundo musical. "Wonderwall", del grupo británico Oasis.

http://www.youtube.com/watch?v=6hzrDeceEKc

Aunque mi madre decía que eso que escuchaba era música ratonera, lo cierto es que siempre me gustó Oasis. No recuerdo exactamente cual fue la primera canció suya que escuché, pero os puedo asegurar que me engancharon desde ese primer momento. Esas guitarras, esas melodías pegadizas y canallas... El exponente máximo de aquel Brit Pop que tantos temas de éxito nos regaló. No había día que no sonara Oasis en mi walkman (¿alguien más echa de menos aquellos maravillosos aparatos que nos permitían escuchar las cintas de música por donde quiera que fuéramos?), o en la mini cadena de mi habitación. Fue un referente indiscutible en mi adolescencia (cuando salió el disco de Oasis "(What's the story) morning glory?" yo estaba a punto de cumplir 11 años) y ha continuado a mi lado todos estos años.

Más de media vida juntos que quedó culminada, por fin, el pasado 12 de Febrero en el Palacio de los deportes de Madrid. Concierto de Oasis que permanecerá imborrable en mi cabeza para el resto de mi vida. Wonderwall por fin sonó en directo, delante de mis propios ojos, sin tener que darle al "play" en el walkman ni en ninguna mini cadena. Un sueño hecho realidad.


El segundo indispensable de hoy se lo quiero dedicar a esos chicos de Las Vegas que tantos éxitos están logrando actualmente con su disco "Day & Age". Como ya sabréis algunos, me estoy refiriendo a The Killers. Pues bien, mi elección personal de los Killers se llama "When you were young".

http://www.youtube.com/watch?v=YxdrHbp6FzA


A los Killers los descubrí a través de una amiga mía, Jules (un beso desde aquí por si lo lees), y más adelante gracias al juego de la Play Station "Guitar Hero". En él aparecía esta canción, y en cuanto escuché los primeros acordes supe que iba a ser una de mis elegidas. Sensacional sonido de guitarra, acompañado a la perfección por la voz de Brandon Flowers. Un tema increíble que suena incluso mejor en acústico. No os podéis permitir el lujo de no conocer esta canción, así que adelante, os invito a escucharla y a que, igual que hice yo, la hagáis vuestra.

Fulus Novak

Carpe Diem

Nueva semana y otros 2 posts a la vista. Tengo ganas de darle ritmo a este proyecto. Así que nada, empezamos con este primero, dedicado a una pequeña reflexión inspirada en el cine.

¿Habéis visto la pelíclua "El club de los poetas muertos"? Seguro que la mayoría sí, porque es una película conocida y que han puesto muchas veces en la televisión. A los que no la hayáis visto, os la recomiendo. Es, a mi entender, una gran película que te hace pensar y plantearte bastantes asuntos importantes. Pues bien, podría dedicar este post a comentar lo que me pareció el film, pero si hiciera eso seguramente estaría siguiendo los pasos de otros muchos y esto podría ser una simple copia del trabajo o de las opiniones de otros. Así que prefiero hacerlo a mi manera.

Y no es que yo sea un rebelde, pero considero que no soy de esos que siguen al resto, no estoy hecho para andar por el camino marcado. En realidad, no creo que ninguno de nosotros necesitemos seguir esa senda, lo que ocurre es que muchos se esconden detrás de esa obligación para no sentirse diferentes, para agradar, encajar quizás. Se sienten cómodos con ello. Y no seré yo el que los culpe, porque gozan de libertad para elegir su camino, para vivir su momento, de la manera que más les plazca.

Vivir su momento… Me resulta difícil pensar en el significado de esta frase. ¿Qué es vivir el momento? ¿Aprovechar el tiempo al máximo?, ¿vivir al límite, olvidando las normas? Yo creo que no. Para mí “Carpe Diem” significa simplemente ser “Tú”, no “uno de esos”; pensar como sólo tú puedes hacerlo, actuar como ningún otro, enfrentarte a tus miedos y decirles que no van a poder contigo. Sentirte vivo, sabiendo que eres único y saboreando cada momento para que tu vida sea extraordinaria.

Hace poco tiempo, hablando con mi madre, me dijo algo que no olvidaré en lo que me resta de vida. “Yo soy rara –me dijo-, y estoy orgullosa de ello”. En un primer momento, mi instinto más primario hizo emerger una sonora carcajada. Es fácil asociar la palabra “raro” a algo despectivo, feo, poco recomendable. Pero pronto esa sensación cambió de forma brusca. Comencé a pensar y traté de ir más allá, de leer entre esas líneas que mi madre me había regalado minutos antes. Cogí ese eterno desconocido que todos tenemos en casa, pero que nunca nos llama la atención: el diccionario, y al buscar la palabra “raro” lo vi todo mucho más claro que en un primer momento. Lo define como “extraordinario, poco común o frecuente”.
Después de unos momentos de reflexión, decidí que yo también quería ser “raro”.

No pretendo aleccionar a nadie con estas líneas. Sólo persigo sentirme vivo y diferente, defender mis convicciones aun cuando signifiquen ir en el sentido opuesto a lo comúnmente establecido: nadar contra corriente.

Por último, solo me queda pedir a los que también se sientan “raros” como yo que se levanten, que se suban a la mesa y vean sus vidas de otra manera, que tienen una sola vida por delante y su única meta es aprovecharla; y a los que no piensen de esta forma, les invito a que lo hagan: “coged las rosas mientras podáis, veloz el tiempo vuela, la misma flor que hoy admiráis mañana estará muerta”.

Fulus Novak

Cartas, ilusiones y realidad

A los que sepáis jugar al póquer, esta explicación os servirá para entender a lo que me refiero con estas primeras líneas.

Tienes dos buenas cartas de mano y vas sin miedo, dejándote llevar por el ritmo de la partida. Todos hacen como tú, entran al trapo despacito, con cuidado, reservando el primer ataque para el “flop”. Ahí aparecen esas tres cartas, tan benditas como crueles. Algunos siguen adelante, alentados por alguna voz en sus cabezas que les asegura que esa es su mano, que se lo van a llevar todo. Otros sin embargo deciden, con prudencia casi infantil, echarse atrás y reservar la espada para futuras batallas. Tú no, tú te ves grande, con la suerte de tu lado, vas. Se levanta la cuarta carta de la mesa, denominada “turn”, quizás la peor del póquer, para mi gusto. Porque es la que te hace ilusionarte hasta puntos insospechados y te eleva más allá de toda razón lógica. Sigues adelante, ya que para eso has venido, nada ni nadie te va a poder parar, es tu momento más alto de la partida, casi sientes esa flor en el culo que te hace invencible. Y por último, el desenlace, el “river”.

Llegado a ese punto, es cuando abres los ojos, te los frotas de forma compulsiva, y te das cuenta de que la jugada que buscabas no está en la mesa. ¿Cómo puede ser?, ¿dónde está esa carta que necesitabas para completar tu mejor actuación, la que te haría único e imborrable con el paso del tiempo?. No lo puedes creer, después de haber sorteado los obstáculos que se habían interpuesto entre tú y la fortuna, te quedas sin nada, como habías empezado la mano, pero con menos plata para apostar de nuevo y con menos voluntad para resistir las próximas apuestas.

Y así una y otra vez, con ganas, yendo fuerte sin dudar, llenando la mesa de tu vida de ilusión y de posibles jugadas memorables. Y una y otra vez terminas aplastado contra tu propia fantasía, creada a partir de sueños por cumplir y arruinada por el propio ritmo de la partida.

A los que no sepáis jugar al póquer aún, os lo iré explicando más despacio y a conciencia en sucesivas reflexiones. Hasta entonces, pensad bien en cómo jugar vuestras propias cartas, y no olvidéis que siempre habrá alguien que tenga una jugada mejor que la vuestra.

Fulus Novak

Ya es Jueves, y dentro de nada... Lunes

17:20 de la tarde del Jueves, poco por hacer y mucho por expresar. Todo el fin de semana por delante, con sus planes y la intención de hacer que este sea el mejor fin de semana de mi vida. Así dicho, da la sensación de que van a ser unos días memorables, con grandes momentos de esos que dicen que se ven antes de morirte. Pero qué va, es únicamente mi forma de decirme a mí mismo: tío, haz de hoy el mejor día del resto de tu vida. Quizás un objetivo grandilocuente, pero qué coño, ¿y por qué no?.

Planteo el contexto: taza de café, comprada en una tienda de souvenirs el verano pasado en Londres -Portobello Road para ser más exactos- y café hecho de ayer, con leche, bien caliente. La cuchara es todo un mito propio, es “mi” cuchara desde que era un enano y por ello le tengo un cariño especial entre todas las cucharas del mundo (comienza aquí mi paseo por las pequeñas cosas de la vida). En el reproductor de música de mi ordenador se escucha a un gran tipo que mis oídos han descubierto recientemente, Jason Mraz, muy recomendable y en otra ocasión os hablaré más de él y su música. Por otro lado, el Tuenti permanentemente abierto, pasando a cada rato de segundo a primer plano. Todo para descubrir que no hay nada realmente nuevo más allá de algunas cosas verdes sin demasiada importancia.

Después de haber situado el marco de la escena, continúo con la idea del primer párrafo. ¿No tenéis la sensación de que cada Viernes es igual que al anterior?. Hacéis cosas diferentes, vale, ahí estoy de acuerdo. Pero, ¿no terminan siendo las mismas caras las que véis?, ¿los mismos sitios a los que váis?.

Personalmente, noto cómo algo va creciendo dentro de mí cuando se va aproximando el Jueves, una sensación tan cargada de emoción como de inquietud. Podría expresarlo con una frase que me encanta, sería como decir que “me huele el culo a fin de semana”. Con todo lo que eso conlleva: las llamadas a los amigos para tantear su estado de ánimo y sus posibles planes de conquistar las noches, la inevitable ojeada a la cartera para darte cuenta de que ganas menos dinero del que gastas, el eterno dilema del armario y la tan temida lucha por saber qué ponerte para salir.

Preparativos y más preparativos que se convierten en grandes noches o en aburridas veladas y prontas llegadas a la cama, sin acompañante, por supuesto. No profundizaré ahora en el tema de las relaciones amoroso-sexuales, todos conocemos cómo se suelen desarrollar, y ya desglosaré en otros comentarios mi idea personal sobre ellas.

Sin darte cuenta, es Domingo. Pones la tele y buscas el canal adecuado. Películas para toda la familia, partidos de fútbol de la Premier, resúmenes enlatados de los programas de toda la semana… Con un poco de suerte, encuentras una buena carrera de Fórmula 1, y con otro poco más de suerte aún, Hamilton abandona el Gran Premio y Alonso sube al cajón (sí, estoy deseando que lleguen las carreras cada Domingo, me gustan, ¿algún problema con eso?). Después de comer, las horas van cayendo rápido y sólo te quedan dos tipos de plan para salvar lo que queda del día D: o llamas a tu chica para ir al cine o quedas con tus amigotes para ver el partido de fútbol de turno, por supuesto acompañados de unas cañas o unos Aquarius (dependiendo del nivel de la juerga de la noche anterior).

Desde este punto, todo vuelve a empezar de nuevo, y sólo te queda pensar una cosa, lector mío, ¿vas a querer hacer de este fin de semana el mejor del resto de tu vida?. Piénsalo y si te apetece, ponlo en práctica.

Fulus Novak