17:20 de la tarde del Jueves, poco por hacer y mucho por expresar. Todo el fin de semana por delante, con sus planes y la intención de hacer que este sea el mejor fin de semana de mi vida. Así dicho, da la sensación de que van a ser unos días memorables, con grandes momentos de esos que dicen que se ven antes de morirte. Pero qué va, es únicamente mi forma de decirme a mí mismo: tío, haz de hoy el mejor día del resto de tu vida. Quizás un objetivo grandilocuente, pero qué coño, ¿y por qué no?.
Planteo el contexto: taza de café, comprada en una tienda de souvenirs el verano pasado en Londres -Portobello Road para ser más exactos- y café hecho de ayer, con leche, bien caliente. La cuchara es todo un mito propio, es “mi” cuchara desde que era un enano y por ello le tengo un cariño especial entre todas las cucharas del mundo (comienza aquí mi paseo por las pequeñas cosas de la vida). En el reproductor de música de mi ordenador se escucha a un gran tipo que mis oídos han descubierto recientemente, Jason Mraz, muy recomendable y en otra ocasión os hablaré más de él y su música. Por otro lado, el Tuenti permanentemente abierto, pasando a cada rato de segundo a primer plano. Todo para descubrir que no hay nada realmente nuevo más allá de algunas cosas verdes sin demasiada importancia.
Después de haber situado el marco de la escena, continúo con la idea del primer párrafo. ¿No tenéis la sensación de que cada Viernes es igual que al anterior?. Hacéis cosas diferentes, vale, ahí estoy de acuerdo. Pero, ¿no terminan siendo las mismas caras las que véis?, ¿los mismos sitios a los que váis?.
Personalmente, noto cómo algo va creciendo dentro de mí cuando se va aproximando el Jueves, una sensación tan cargada de emoción como de inquietud. Podría expresarlo con una frase que me encanta, sería como decir que “me huele el culo a fin de semana”. Con todo lo que eso conlleva: las llamadas a los amigos para tantear su estado de ánimo y sus posibles planes de conquistar las noches, la inevitable ojeada a la cartera para darte cuenta de que ganas menos dinero del que gastas, el eterno dilema del armario y la tan temida lucha por saber qué ponerte para salir.
Preparativos y más preparativos que se convierten en grandes noches o en aburridas veladas y prontas llegadas a la cama, sin acompañante, por supuesto. No profundizaré ahora en el tema de las relaciones amoroso-sexuales, todos conocemos cómo se suelen desarrollar, y ya desglosaré en otros comentarios mi idea personal sobre ellas.
Sin darte cuenta, es Domingo. Pones la tele y buscas el canal adecuado. Películas para toda la familia, partidos de fútbol de la Premier, resúmenes enlatados de los programas de toda la semana… Con un poco de suerte, encuentras una buena carrera de Fórmula 1, y con otro poco más de suerte aún, Hamilton abandona el Gran Premio y Alonso sube al cajón (sí, estoy deseando que lleguen las carreras cada Domingo, me gustan, ¿algún problema con eso?). Después de comer, las horas van cayendo rápido y sólo te quedan dos tipos de plan para salvar lo que queda del día D: o llamas a tu chica para ir al cine o quedas con tus amigotes para ver el partido de fútbol de turno, por supuesto acompañados de unas cañas o unos Aquarius (dependiendo del nivel de la juerga de la noche anterior).
Desde este punto, todo vuelve a empezar de nuevo, y sólo te queda pensar una cosa, lector mío, ¿vas a querer hacer de este fin de semana el mejor del resto de tu vida?. Piénsalo y si te apetece, ponlo en práctica.
Fulus Novak

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