A los que sepáis jugar al póquer, esta explicación os servirá para entender a lo que me refiero con estas primeras líneas.
Tienes dos buenas cartas de mano y vas sin miedo, dejándote llevar por el ritmo de la partida. Todos hacen como tú, entran al trapo despacito, con cuidado, reservando el primer ataque para el “flop”. Ahí aparecen esas tres cartas, tan benditas como crueles. Algunos siguen adelante, alentados por alguna voz en sus cabezas que les asegura que esa es su mano, que se lo van a llevar todo. Otros sin embargo deciden, con prudencia casi infantil, echarse atrás y reservar la espada para futuras batallas. Tú no, tú te ves grande, con la suerte de tu lado, vas. Se levanta la cuarta carta de la mesa, denominada “turn”, quizás la peor del póquer, para mi gusto. Porque es la que te hace ilusionarte hasta puntos insospechados y te eleva más allá de toda razón lógica. Sigues adelante, ya que para eso has venido, nada ni nadie te va a poder parar, es tu momento más alto de la partida, casi sientes esa flor en el culo que te hace invencible. Y por último, el desenlace, el “river”.
Llegado a ese punto, es cuando abres los ojos, te los frotas de forma compulsiva, y te das cuenta de que la jugada que buscabas no está en la mesa. ¿Cómo puede ser?, ¿dónde está esa carta que necesitabas para completar tu mejor actuación, la que te haría único e imborrable con el paso del tiempo?. No lo puedes creer, después de haber sorteado los obstáculos que se habían interpuesto entre tú y la fortuna, te quedas sin nada, como habías empezado la mano, pero con menos plata para apostar de nuevo y con menos voluntad para resistir las próximas apuestas.
Y así una y otra vez, con ganas, yendo fuerte sin dudar, llenando la mesa de tu vida de ilusión y de posibles jugadas memorables. Y una y otra vez terminas aplastado contra tu propia fantasía, creada a partir de sueños por cumplir y arruinada por el propio ritmo de la partida.
A los que no sepáis jugar al póquer aún, os lo iré explicando más despacio y a conciencia en sucesivas reflexiones. Hasta entonces, pensad bien en cómo jugar vuestras propias cartas, y no olvidéis que siempre habrá alguien que tenga una jugada mejor que la vuestra.
Fulus Novak

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